Antes de analizar resultados hay que definir el perímetro: sociedades, negocios, activos, contratos, empleados, deuda y periodos incluidos. En una venta de participaciones, el comprador adquiere la sociedad con su historia. En una venta de activos, un carve-out o una reorganización previa, el negocio transferido puede depender de servicios, licencias, financiación o personas que hoy están fuera del perímetro. Una VDD que no haga explícita esa diferencia puede presentar un EBITDA que no representa el funcionamiento autónomo después del cierre.
En un carve-out deben construirse estados financieros del perímetro a partir de contabilidad, repartos y estimaciones. Cada coste compartido necesita una regla y una reconciliación. El hecho de que la matriz no repercutiera sistemas, dirección, alquiler o seguros no significa que el comprador vaya a recibirlos gratis. Los costes de stand-alone, las inversiones para separar el negocio y los servicios transitorios se muestran por separado para evitar confundir resultado histórico, run-rate y sinergias del comprador.
Las operaciones vinculadas merecen el mismo tratamiento. Compras, ventas, préstamos, garantías, alquileres, propiedad intelectual o personal compartido deben identificarse y valorarse con la política aplicable. La cuestión no es solo si el precio fue de mercado: también importa si el contrato seguirá vigente, se sustituirá o terminará al cierre y qué efecto tendrá en caja, circulante, impuestos y continuidad operativa.
Cuando transcurren meses entre el informe y las ofertas vinculantes, el trabajo necesita un mecanismo de actualización o bring-down. Se incorporan nuevos cierres mensuales, cambios de clientes, litigios, inspecciones, incidentes, deuda y previsiones. La actualización no debe limitarse a sustituir tablas: debe explicar qué cambió, desde cuándo, cómo afecta a los hallazgos y qué usuarios recibieron la versión anterior.