Muchos earn-outs coinciden con un periodo en el que el vendedor sigue como directivo. Esa continuidad puede proteger clientes y conocimiento, pero crea dos relaciones: la transmisión de las participaciones y la prestación de servicios. Cada una debe tener su contraprestación, obligaciones, causas de terminación y tratamiento jurídico, contable y fiscal.
Si todo el pago variable se pierde al dejar el empleo, incluso después de haber vendido la empresa, aumenta el riesgo de que económicamente se interprete como remuneración por servicios y no como precio. La conclusión depende de las condiciones concretas; no basta con llamar earn-out a la cláusula. Permanencia obligatoria, nivel salarial, competencia, funciones y proporcionalidad del pago son hechos relevantes que deben analizar los asesores.
El contrato suele distinguir supuestos de salida. No es lo mismo dimitir sin causa, ser despedido por incumplimiento grave, ser cesado sin causa, sufrir incapacidad, fallecer o ver reducidas sustancialmente las funciones. Las categorías de good leaver y bad leaver solo son útiles si cada supuesto y su efecto sobre lo ya devengado y lo futuro están definidos.
También debe evitarse una contradicción: exigir al vendedor resultados que dependen de facultades que el comprador le ha retirado. Si cambia el cargo, el presupuesto o el equipo, el contrato puede mantener el derecho, recalcular la métrica o aplicar otra consecuencia pactada. La solución depende del motivo por el que se vinculó continuidad y precio.